Señor
Director:
Hace 155 años, el día 4 de abril de 1848, nació en la hacienda San Agustín de Puñual, don Arturo Prat Chacón, el más grande héroe de la historia naval de Chile que con su sacrificio en Iquique iluminó al país hasta obtener la victoria final en la Guerra del Pacífico. Y quizás el mejor momento para rendirle un sentido homenaje es recordando sus últimas palabras grabadas para la posteridad, en el emocionante relato del guardiamarina Vicente Zegers Recasens, en carta enviada a don Juan Antonio Walker Martínez, reeditada recientemente en el libro "Carmela C. de Prat, cartas de mi esposo", de la distinguida escritora María Angélica Iturriaga, cuya lectura extractada de esta nota, enternece y conmueve los espíritus. Dice el guardiamarina Zegers: "Terminaba de hablar con el Teniente Serrano, cuando escuché la voz del Comandante que me llamaba; hágame el servicio de llamar a mi mayordomo, fue la orden. La cumplí inmediatamente y noté que éste, después de hablar con él breves palabras, bajó a la cámara para volver luego a subir llevando en la mano algo que el capitán miró durante algunos segundos antes de ponerlo en su bolsillo. Instantes habían transcurrido solamente desde la escena anterior, cuando volví a oír mi nombre pronunciado por el comandante. Acudí a su llamado y al ponerme en el descanso esperando que me hablara, vi que ceñía la espada, que durante la acción había tenido colocada sobre la caja de bandera. Se dirigió luego hacia mí y después de breve pausa, con su fisonomía totalmente tranquila y como sonriendo, me dijo: "Creo, Zegers, que Ud. como los demás, no ignora el fin que nos espera". Guardé silencio. "Pero Ud. es muy joven —replicó— y tengo para mí que su buena estrella lo ha de salvar". Señor, le dije, creo que Ud. tiene las mismas expectativas de salvación que nosotros y Dios ha de querer que el Comandante no nos falte. "Gracias", me contestó con la misma tranquilidad, agregándome enseguida: "Pero eso es difícil que suceda, si lo que espero se cumple no se olvide de mis palabras, que serán tal vez las últimas: cuando vuelva Ud. a Valparaíso, vea a mi Carmela, dígale que mis últimos recuerdos, mis últimos votos, son para ella y mis dos hijitos". Al oír aquellas palabras, no sé realmente lo que pasó por mí, me sentí dominado por un sentimiento tan extraño, que no atiné a contestar; y habría tal vez llorado si en aquellos instantes no hubiera comprendido la necesidad de sobreponerme a mi mismo. Y vino a sacarme de aquella angustiosa situación, la palabra del mismo Comandante, que volvió a decirme: "Zegers, tenga presente mi encargo"; luego mirando hacia el "Huáscar" que ya estaba muy próximo, me dijo: "Vaya a la máquina y dígale al ingeniero Hyatt que dé toda fuerza". Fueron las últimas palabras que escuché del Comandante, cuando se sintió un golpe horrible, el buque se inclinó sobre estribor y crujió bajo nuestros pies. Era el "Huáscar", que había espoloneado a la "Esmeralda". El querido Comandante había sucumbido al saltar al abordaje, pero su sombra había quedado entre nosotros. Aún parecía oirse el eco de su voz al arengar a la tripulación pidiéndole que no sentara ese día el precedente de arriar el pabellón. La terminación del combate del 21 de Mayo, por el hundimiento de nuestra vieja corbeta con todos sus colores al tope, fue el complemento necesario a su nunca bien ponderada hazaña. Sin otro particular, le saluda atentamente. MANUEL CHAMORRO MORENO. Suboficial (r) Armada. |