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Por Rodrigo Pizarro. Director Ejecutivo, Fundación Terram. Nuevamente la Unión Europea estudia la aplicación de barreras arancelarias al salmón chileno como consecuencia de denuncias de dumping. La preocupación ahora sería el aumento inusitado de las importaciones chilenas lo que pondría en jaque a los productores de salmón de Escocia e Irlanda. Aunque efectivamente no existen antecedentes de "dumping" -práctica de comercio desleal- pues bajo ningún criterio en Chile se está produciendo por debajo del precio de producción, esto no significa que sea una acusación sin fundamento. Muy por el contrario, las prácticas productivas del sector acuícola chileno dejan mucho que desear e inevitablemente serán fuente de conflicto, como lo hemos visto en los últimos años. La razón es muy simple: la producción del salmón chileno se realiza sin internalizar plenamente los costos ambientales y sociales de la actividad; vale decir se realiza sin criterios aceptables de sustentabilidad. Si bien esto no significa que exista dumping, la acusación debería ser una nueva voz de alerta, sobre las actuales prácticas productivas del sector. Los salmones cultivados en Chile, se producen a gran escala, con mano de obra de baja especialización debido a la simpleza de la tarea de cultivo y en el marco de bajísimas exigencias ambientales, gracias al vacío legal chileno que no ha impuesto la restauración ni la prevención del daño medio ambiental de la industria durante sus veinte años de desarrollo explosivo en Chile. Respecto a los impactos sociales éstos se relacionan con la desigualdad en la distribución de los ingresos, y el trastorno sociocultural de las comunidades locales, particularmente el impacto sobre los pescadores artesanales. Si bien es justo reconocer que la industria ha avanzado mucho y se encuentra haciendo esfuerzos para ajustarse a las demandas de los mercados de destino cada vez más exigentes en relación a la temática ambiental y la responsabilidad social de la empresa, existe un largo camino aún por recorrer. Esta nueva acusación debería ser un último llamado de atención para que la industria, en conjunto con los demás actores, avancen hacia una propuesta global que resuelva los problemas del sector. Estos, habría que destacar, no sólo se resuelven aplicando mejoras tecnológicas de parte de la industria, sino avanzando hacia una gestión integral del borde costero, lo que involucra a todos los actores desde gobierno, comunidades locales, sociedad civil y trabajadores. Chile es hoy día el principal productor de salmones del mundo y pretende convertirse en una potencia económica en torno a la producción de alimentos, por lo que es imperativo también ser un ejemplo en la producción social y ambientalmente sostenible. |