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Por Carlos Haefner V. Dr. en Sociología, Docente Universidad San Sebastián El país presenta configuraciones importantes de exclusión social en un marco de expansión creciente de políticas modernizadoras cada vez más emergentes; lo que nos señala un claro perfil híbrido y contradictorio de la realidad social. En nuestras ciudades coexisten diversas formas de diferenciación social que se expresan, por ejemplo, en evidentes segregaciones urbanas que permiten identificar espacios urbanos en donde se entrecruzan sectores incluidos y excluidos en marcada relación asimétrica. En estos entrecruzamientos, tanto en espacios públicos de consumo o recreación como en "no lugares" -aquellos caracterizados por la transitoriedad de sus relaciones sociales como las que se generan en calles, avenidas, etc.- hay cada vez más grupos humanos excluidos que circulan y coexisten cotidianamente pero que presentan una evidente condición de "invisibilidad", tanto, para los discursos y semánticas culturales modernizadoras, como para gran parte de los sectores y personas incluidas. Entre esos sectores de escasa visibilidad para parte importante de la población y que, por cierto, van creciendo en la periferia de las actividades económicas formales, se encuentran los recolectores de desechos o "cachureros", los jóvenes de "caletas" que viven de la mendicidad en las puertas de los supermercados y centros comerciales, ancianos que deambulan por las calles en un alto nivel de precariedad social y abandono, familias que viven y se alimentan en los vertederos de las ciudades, entre otros. Ellos son parte de un proceso económico-social excluyente y que, por cierto, miramos todos los días, pero no vemos realmente. Las formas de exclusión en nuestro sistema social se expresan, por una parte, de una manera primaria, en que las personas pueden ser excluidas de los sistemas funcionales o que sólo puedan acceder a algunos de ellos (por ejemplo, al sistema político por medio del ejercicio del voto, pero no a la educación o la salud); estos sectores llegan a representar para algunos preclaros analistas de la modernización global como "obstáculos al desarrollo" pero, que también pueden ser vistos por el sistema económico como una posibilidad de reclutamiento de personas para desempeñar prestaciones funcionales elementales, como son el empleo precario y la mano de obra siempre disponible, no organizada, barata y que, algunas veces, realizan actividades que redundan en importantes ingresos para sectores formales de la economía. Un caso paradigmático de ello son los recolectores de "desechos" (papeles, cartones, botellas, metales, etc), los que en realidad actúan como verdaderos agentes recicladores ecológicos, pero que están económicamente en las fronteras más lejanas de la inclusión social. En segundo lugar, la exclusión toma forma secundaria cuando los excluidos tampoco acceden a redes de contactos interaccionales e institucionales fundamentales de beneficios que los alejan de la posibilidad de resolver cuestiones elementales (acceso a redes de apoyo gubernamental, por ejemplo). Las observaciones que hemos hecho en torno a los grupos referidos, especialmente a nivel de los recolectores urbanos, son un claro ejemplo de la expresión de estos dos tipos de exclusión: son excluidos primariamente porque no pueden acceder a aquellos sistemas funcionales que les podrían otorgar beneficios y algún proyecto de futuro y, de igual manera, son excluidos secundarios porque les dificulta acceder a redes interaccionales (extrafamiliares) que les sirvan para reducir las complejidades de su vida cotidiana. Una primera premisa básica de la cultura de la exclusión en la ciudad es aquella que se representa en la frase "arréglatelas como puedas". Esta premisa es básica para todos los grupos y personas y se expresa en lo que sociológicamente podríamos denominar una individuación (Beck, 1998), en donde los sujetos al no incluirse ni primariamente ni secundariamente respecto de los sistemas sociales se sienten "estar frente a la nada", por tanto la búsqueda de su sobrevivencia en forma individual o cuasi - grupal es una obligación sin alternativas visibles. A pesar de que no pocos plantean en forma dramática la necesidad de encontrar -o que les ofrezcan- redes y apoyos para soportar la exclusión, pero tales alternativas las visualizan como lejanas y muchas veces indescifrables desde sus biografías. |