Año CXVIII - Nro. 36.158 - Viernes 4 de abril de 2003

En "El Termómetro"

Raúl Hermosilla Hanne.

Varios amigos de Puerto Montt y ciudades vecinas me han llamado por teléfono a propósito de mi intervención como panelista en "El Termómetro" de Chilevisión, el viernes último. Quiero informar al resto de mis lectores lo mismo que a ellos. Pues bien, el jueves 27 en la noche fui invitado a dicho programa. Se me dijo que el tema —relacionado con unos videos supuestamente provenientes de los archivos secretos de la ex CNI mostrando operativos por ella cumplidos, exhibidos el día anterior— sería: "¡Fue necesaria le guerra sucia?"

Al aceptar la invitación —aunque formulada con sólo 24 horas de anticipación y a una presentación en directo— me preparé debidamente, repasando el correspondiente material de apoyo y reduciendo al mínimo el tiempo necesario para exponer los puntos respectivos. Entrevisté a las dos únicas personas que conozco y sé que pertenecieron a la CNI, a cuyo efecto tuve que prescindir completamente de mi agenda de ese día.

Pero debí haber comprendido que tratándose de un programa de reconocida intencionalidad política y en un canal gubernamental, más de alguna mala pasada me jugarían. Pues bien, sustituyeron el tema ya convenido y para el cual me había preparado por otro que, guardando también relación con el caso, debí sin embargo enfrentar sin preparación alguna: "¡Debe la justicia reabrir los casos sobreseídos?"

De repente el debate llegó solito al tema para el cual se me había convocado, y luego de que la señora Marín, en declaraciones grabadas para el programa que se exhibían mientras hablábamos, repitió su discurso habitual contra "Manuel Contreras y Pinochet", y doña Mireya García sostenía que los terroristas abatidos por la CNI sólo expresaban sus "ansias de libertad y democracia, que se demostraban en la calle, con las manos limpias", comencé a entrar en materia, con la lectura de los acuerdos del congreso socialista reunido en Chillán que propiciando la vía armada, llamaba a la destrucción del aparto burocrático y militar del estado, señalando que la violencia revolucionaria era legítima y constituía el único camino para la toma del poder político y económico, y citando las declaraciones tanto de Luis Corvalán como de Carlos Altamirano y Andrés Pascal, que reconocieron la existencia en Chile de varios miles de guerrilleros, algunos preparados en el exterior y otros en adiestramiento clandestino en diversos lugares del país. Aquí se pasó a comerciales, manifestándoseme que al regreso se me restituiría la palabra.

Pero después de los comerciales se pasó a noticias, cortándose abruptamente el programa, con lo que también se frustró a los jóvenes que habían sido invitados y a los cuales se les había señalado que podrían entregar sus comentarios al final del mismo.

Tampoco alcancé a contestarle al panelista Alfredo Joignant, quien en el tradicional estilo marxista de reemplazar argumentos por descalificaciones personales, me aseguró que jamás obtendría yo el Premio Nobel ni el Nacional de Historia. No salió pues al aire mi respuesta en el sentido que yo no aspiraba a ningún reconocimiento político de los jurados del socialismo internacional ni criollo, ni menos de sus críticos comprometidos, bastándome la magnífica acogida que vienen brindando no sólo los adultos, sino que también la juventud chilena a lo largo y ancho del país e incluso desde el extranjero, a mis artículos periodísticos, a mi libro "LA DURA, la Verdad sobre el 11 de Septiembre de 1973 y el Gobierno Militar", y a mi página en la red "www.raulhermosilla.clan.st"

Pero como nobleza obliga, quiero reconocer que el conductor, Iván Núñez, hizo gala de gran cortesía personal y de todo el profesionalismo que conducir un programa como el que se trata resulta posible sin desvirtuar las finalidades político partidistas del mismo.

 

Por

Raúl Hermosilla Hanne.



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