RECESION |
En un nivel más amplio, el informe anual de la FAO, señala también que el continente "crece lentamente tras la recesión y los desastres naturales de los últimos tres años," además de los bajos precios en los mercados internacionales de productos agrícolas de exportación, especialmente el café. Según datos del año 2000 que aporta el documento de la FAO el PIB de la región creció un cuatro por ciento, mientras que la producción agrícola lo hizo en el 4,6 por ciento. A nivel mundial, la FAO ha recordado hoy que existen todavía 826 millones de personas con deficiente nutrición, y que sufren por ello un mayor índice de enfermedades derivadas de la deficiencia de elementos como el yodo, hierro y vitaminas, que en último término provocan el retraso mental, problemas de la capacidad motriz y del crecimiento. |
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Roma, 11 sep (EFE).- Casi la mitad de la población rural de Latinoamérica carece de títulos de propiedad de la tierra, hecho que la FAO destacó hoy, martes, en su informe anual como origen de conflictos sociales como los de Chiapas (México) y el protagonizado por el Movimiento de los Sin Tierra brasileño. Este factor perjudica además la modernización de las explotaciones agrícolas, la lucha contra la pobreza rural y colabora con la degradación medioambiental y el agotamiento de los recursos naturales, según la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO). Este organismo presentó hoy en su sede de la capital italiana el informe anual referido al estado de la agricultura y la alimentación en el mundo, en el que se destaca que en la mayor parte de los países de Latinoamérica los derechos de la propiedad de la tierra están "mal definidos". El informe destaca que el mercado de la tierra -en propiedad, arrendamiento o alquiler con opción a compra- no está suficientemente desarrollado y queda fuera del alcance de los campesinos pobres. REFORMAS En el caso de México, después de ochenta años de reformas agrarias "tradicionales", los progresos en la redistribución de la tierra iniciados con la revolución han sido "desiguales y lentos". Según los expertos de la ONU, a finales de la década de los 90 los latifundistas mexicanos controlaban un 26 por ciento de las explotaciones que suponían el 90 por ciento de las tierras cultivables. En el otro extremo, un 50 por ciento del total de unidades agrícolas, en manos de campesinos pobres, suponen tan solo un 2 por ciento de las tierras productivas, lo que provoca situaciones de tensión social como la existente en la región meridional de Chiapas. En Brasil más del 50 por ciento de las explotaciones agrícolas, -con una superficie menor de 10 hectáreas- ocupan menos del 3 por ciento de las tierras agrícolas, mientras que un 1 por ciento de las explotaciones representan más del 50 por ciento de la superficie agrícola total. Por este motivo, desde mediados de la década de los 80 el Movimiento de Campesinos sin Tierra se ha movilizado para ocupar tierras improductivas y presionar al Gobierno para lograr los títulos de propiedad. TIERRAS El informe de la FAO pone de relieve que en este vasto país sudamericano cerca de 2,5 millones de familias confían en lograr el acceso a la tierra gracias a una reforma agraria pendiente. En este sentido se destacan los esfuerzos del Instituto nacional de Colonización y Reforma agraria (INCRA) brasileño y del Programa nacional de Fortalecimiento de Agricultura familiar (PRONAF). En el año 1999 el INCRA había redistribuido más de 8 millones de hectáreas a 290.000 familias, además de respaldar la colonización de otros 14 millones de hectáreas por parte de 75.000 familias. Desde 1997, con el apoyo del Banco Mundial, el Gobierno de Brasil lleva a cabo un programa alternativo basado en la venta de tierras a bajo precio, iniciado en los estados del noroeste del país. Igualmente, otros dos países de la región, Colombia y Guatemala, se han embarcado en reformas agrarias basadas en el mercado. En el primer caso, una ley promulgada en 1994 estipulaba un subsidio directo del 70 por ciento del valor total de la tierra para facilitar su compra a los campesinos pobres, además de asistencia técnica para su explotación. En Guatemala, otras dos instituciones han colaborado con un programa de compra de tierras: el Instituto Nacional de Transformación agraria (INTA) y la privada Fundación Centavo, que hasta el momento han alcanzado a más de 3.000 familias. |