Año CXV - Nro. 35.606 - Miércoles 12 de septiembre de 2001

El legado de Dios en el Mes de la Biblia

Jesús, viendo la incredulidad de los "Maestros de Israel", es decir de la secta de los Fariseos, quienes se habían apropiado de las escrituras del Antiguo Testamento y ponían especial importancia en el cumplimiento de sus tradiciones de tinte humano; al punto que se habían vuelto ciegos espiritualmente y no podían ver que entre ellos estaba la profecía mayor y esperada por siglos, tocante al Mesías prometido y éste era Jesús el Dios encarnado, que nos visitaba para cumplir la noble tarea de entregarse por nosotros, como sacrificio expiatorio ante la justicia de su padre y reconciliarnos con él y con los propósitos por los cuales fuimos creados. Poniendo solamente una condición para todos aquellos que creen arrepentirse de sus pecados, de la vida de vanidad y carnalidad a la cual fuimos sujetos en la herencia Adámica. Obteniendo a nuestro favor eterna redención. (Juan 12: 36 al 43).

 

Entonces Jesús clamó y dijo: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas". Y luego dijo una sentencia que será recordada por toda la humanidad perdida, por los siglos de los siglos: "Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero". (Juan 12: 44 al 46).

 

Este es el mes de la Biblia, cuyo legado nos entregó Dios, para que pusiéramos especial atención a su contenido. La Biblia es el libro más vendido en el mundo, pero lastimosamente es el libro menos leído. Y no porque su contenido sea difícil de comprender, sino porque el hombre de nuestros días está tan preocupado por sus afanes materiales y sus pasatiempos personales y familiares, que omite la importancia de observarla y se pierden bendiciones que Dios quiere entregarle, para que le vaya bien y sea de larga vida en esta tierra, para librarlo del stres, de las enfermedades del corazón, de la astucia de los malos, para alimentar su alma y su espíritu, ya que el hombre es un ser viviente, forjado inicialmente como barro en quien se sopló aliento de vida y ahora en el tiempo en que vivimos llamado por la biblia, el tiempo de la gracia, Dios quiere darnos el nacimiento espiritual, por el cual podemos confirmar que somos hechos hijos de Dios y saber que estamos capacitados para tener una comunión personal con él, dándonos el Espíritu Santo, para que more en nuestros corazones y nos guíe a la luz de Cristo. El Espíritu Santo es el mismo que inspiró para que todos los autores que escribieron las sagradas escrituras, convergieran en los propósitos de Dios. La biblia es el legado que no tiene contradicciones en sus fundamentos doctrinales. Es el hombre quien se convierte en instrumento de Satanás y quiere medrar y falsificar su contenido. ¿Amigo, conoces el contenido de la biblia? De no ser así, todavía estás a tiempo.

 

 

 

Por José M. González M.

 

Encargado Of. Asuntos Religiosos

 

I. Municipalidad de Puerto Montt

 

Hno. Ricardo

 

Colaborador



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