07/05/2004

La Comarca de los Oficios

Luis Humberto Paredes, Fiscal de Llingua y pescador chilote.

La cooperativa

 

"La Cooperativa de Pescadores Artesanales de Llingua llegó a tener cuatro lanchas a motor. Nosotros entregábamos toda nuestra pesca y el personal de tierra, generalmente mujeres fileteaban el pescado, lo secaban al sol en los quinchos, antes de que llegara una secadora. Teníamos mercado seguro. Algunos criaban cerdos aprovechando los desperdicios. Y doña Uberlinda Mansilla introdujo la artesanía en vegetales. Durante esos años mejoró nuestra vida, arreglamos nuestras casitas".

Las cooperativas se perdieron con el Golpe de Estado, aunque los llinguanos siguieron viviendo del mar y las artesanías han tenido un enorme repunte en la última década. Don Luis Humberto ve las cosas así:

"Hoy las grandes factorías nos están castigando a nosotros como pescadores artesanales. Cada mes nos permiten extraer 300 kilos, pero tenemos un sólo día y si hay un temporal no podemos trabajar, entonces quedamos con la pérdida. Ahora estamos mal. Y todos somos pescadores; hay más de cuarenta botes en la isla".

"El trabajo en las salmoneras no es una opción para nosotros. Es un sueldo básico que no alcanza para vivir. Es por pasar el tiempo, nomás. No es por despreciar a quienes trabajan allí, pero nosotros cuando salimos a pescar y nos va bien nos queda entre doscientos y trescientos mil pesos, es decir, el doble. Lo hacemos en dos días".

 

Chiloé es una geografía de oficios. El chilote es por naturaleza un anfibio desde los tiempos de Caicai y Tentén Vilu: mariscador, pescador, marinero; pero, al mismo tiempo, sembrador de papas y criador de ovejas, vacunos y aves domésticas.

Su vida comunitaria lo lleva, a veces, a especializar sus quehaceres: carpintero de ribera o de casas, mueblista, tejedora a telar, peluquero, constructor de ataúdes o de barriles y tornillos para la chicha. Ser músico fue un oficio tan determinante en cierto momento que siembras y cosechas se programaban de acuerdo a la disponibilidad del cantor local. Lo mismo ocurre con el Fiscal, este diácono de todas las capillas chilotas es protagonista de defunciones, fiestas patronales y los ritos cotidianos del catolicismo.

El chilote construye con la madera; con las fibras sacadas del bosque y sus contornos; con la lana de sus ovejas. El chilote construye para sus navegaciones, sus siembras, sus fiestas y sus dioses.

Ha sido protagonista, durante el siglo XX, de la saga más importante del cono sur de América: el poblamiento de la Patagonia, desde el Chubut hasta Tierra del Fuego y, subiendo por Chile, hasta Puerto Montt. Ser esquilador en esas estancias ha sido una vocación que recién empieza a abandonar hace dos décadas, con la presencia de las salmoneras y la actividad industrial aquí en el Archipiélago. A pesar de esta fuerte irrupción en la economía local los campesinos han asumido su nueva condición de asalariados sin abandonar completamente su vida rural.

La diversificación de sus oficios continúa hoy con el turismo y sus derivaciones: artesanías, hospedaje y arriendo de servicios.

 

FISCAL Y PESCADOR

 

Los jesuitas para apoyar sus misiones en el siglo XVI, entregaron responsabilidades a un indígena local, llamado entonces amomaricamañ y que hoy es el fiscal, para que atendiera la iglesia e impusiera la fe católica entre los mapuche y los canoeros. Este temprano diácono no sólo cumplió históricamente con su tarea de construcción de la iglesia en el archipiélago sino que ha sobrevivido, hasta el presente, como un personaje emblemático en la religiosidad chilota.

Luis Humberto Paredes, en estos días, disputa con las jibias la caza de la merluza. Sus espineles, encarnados el día anterior con 25 pejerreyes cada uno, los recogen con los anzuelos vacíos y una que otra cabeza de merluza que las jibias no han logrado terminar de comer. Los mares del archipiélago están espesos de estos cefalópodos que, al parecer, se comportan como pirañas de mar.

Vararon por centenares, hace unas semanas, en el estero de Castro y empezaron a podrirse, creando una atmósfera nauseabunda a la entrada a la capital de Chiloé. Así los castreños recuperan hoy el epíteto de "comejibias" que los nombró por medio siglo.

Don Luis Humberto es fiscal de Llingua, pero también pescador de la isla que ha desarrollado con mayor éxito la asociatividad formal entre sus vecinos, por casi medio siglo.

Con él conversamos hace algunos meses en un viaje que la parroquia de Achao hizo a Bariloche, en relación a la Virgen de Loreto, imagen que perteneciera en el siglo XVII a la misión de Nahuelhuapi y que hoy es patrona de esa iglesia chilota.

Luis Humberto Paredes es el Fiscal de Llingua, una isla frente a Achao. El que mejor canta la 'Salve Chilota'.

Nació en Curaco de Vélez en 1941 y se creció en Palqui en casa de Pascual Inao, sus padres adoptivos. Desde niño fue pescador de sierras, en esos años la especie predilecta de Chiloé.

"A los 9 años dejaba de ir a la escuela por salir a ganar unos pesos. Navegaba solo en mi botecito a vela. Así que pasé a ratitos por las clases. Las pescas se hacían en las mañanas y en las tardes: salía aclarando el día y volvía a tiempo para ir al colegio; y por la tarde salíamos como a las 3 de clases y ahí me pegaba otra salida. Arrastraba tres lienzas, atadas a botavaras, con un pequeño arpón de lata, cobre o hueso en su extremo, que simulaba una sardina. Toda la navegación era a vela. Durante el día nos entreteníamos con las golosinas de campo: las nalcas, las frutas de temporada. Hasta la noche cenábamos y cuando no había, pasaba a botar mi bulto (bolsón) y volvía al mar".

"Toda la gente de la costa tenía su botecito. Si no tenían vela debían ir al menos tres remeros para impulsarlo porque se necesita rapidez para pescar sierras al arrastre. La pesca la negociabamos por Curaco y el campo; salíamos con unos caballitos que teníamos y volvíamos con trigo, papas y cosas para comer. Cuando la pesca era abundante la oreábamos al humo y la sacábamos para Dalcahue y los pueblos. También se mariscaba navajuelas; sacábamos una bolsa, 8 almudes, en cada marea. Mi papá, mi mamá donde me crecí, hacían curán y minga para desconchar y ensartar. Eso se colgaba en nuestra cocina a fogón donde vivíamos para que se ahumara. Nos daban un peso por un paquete (cinco sartas) de navajuelas oreadas".

"A los 12 años ya viajaba como marino en lanchas de 18 metros a Puerto Montt. Llevábamos papas y traíamos mercaderías para Achao y puertos intermedios".

 

EL TERREMOTO

 

"Soltero me pilló el terremoto. Estábamos cuatro días en la cordillera. Me habían invitado unos colegas de Llingua a pescar robalo con red. No querían darme permiso porque nunca había salido lejos, pero yo le dije a mi papá: ¡yo me voy nomás! Me entusiasmaba la pesca y yo sólo había pescado sierras con lienza. Esta era una aventura. Ahí conocí la pesca a red y cómo se entablillaba, se salaba y ahumaba el pescado. Los cuarteleros eran los encargados de buscar la leña -urmo, luma y tepú- para orear, y hacían el desayuno, el almuerzo y la cena. Teníamos un cordel de 1.300 pescados cuando vino el movimiento.

Estábamos en el estero de Pumalín y veíamos como los árboles y los barrancos se venían abajo, pero no lo tomamos tan en serio porque éramos muy jóvenes. Así me fui acercando a Llingua".

A los 19 años se trasladó a la isla de la mujer con quien se casó y tiene seis hijos, el mayor de 39. Cuatro pescadores, uno vive en Natales y la menor de 23 años estudiando en la Universidad Arcis-Patagonia, en Castro.

En Llingua escuchó radio por primera vez en casa de don Baldovino Mansilla y más tarde se maravillaría frente a las imágenes en blanco y negro del televisor a batería que la profesora, doña Rosa Mansilla, instaló en su isla.

 

LA IGLESIA

 

"A los doce años aprendí a rezar en Palqui. Repetía lo que decía el rezador. En Palqui se reza mucho. Tenía un tío que era Fiscal y él me pidió que los domingos fuera a la iglesia a ayudarle. Yo no iba a la iglesia porque no entendía la misa que ellos hacían entonces que era en latín. Cuando empezaban a cantar quedaba todo acholao porque no los entendía ni lo del Padre ni lo del Fiscal. Un rosario cantado fue lo primero que recé en público. Mi tío me felicitó y de ahí seguí haciéndolo en ceremonias de difuntos. Uno interesado también porque daban dos panes a los rezadores".

"Cuando fue el terremoto nos reunimos los seis que estábamos y para sorpresa de ellos yo me hinqué y les recé un rosario que ellos siguieron con mucha devoción y ahí pedimos a Dios que nos ayude en esos momentos inciertos para nosotros".

"Un fiscal colabora con su comunidad religiosa, en la formación de los jóvenes, en la atención de su iglesia. Hago las sepulturas (sepultación) cuando no está el sacerdote; significa que tengo que sacarlo de la casa, hacerlo llegar a la iglesia, llevarlo al cementerio, bendecir la fosa y hacer las oraciones de los funerales. También uno atiende las novenas, que son rezos que se hacen en las casas. También estamos autorizados para dar la Santa Extremaunción a los moribundos y el Bautizo a los recién nacidos cuya vida peligra. Cuando ando de pesca tengo que desabaldonar la iglesia porque soy un padre de familia, con una hija en la universidad, que tengo que luchar para vivir. Porque los fiscales recibimos sólo las gracias, como los bomberos, aunque muchas veces invertimos gran parte de nuestro tiempo en este servicio".

"El antiguo Fiscal, cuando ya no podía andar me salió a buscar y me dijo: mira hijo yo ya estoy anciano y quiero que tú me reemplaces mientras yo viva y cuando Dios me recoja tú vas a ser el Fiscal Mayor`. "Mi señora se plantó por delante y le dijo no. No va a ser Fiscal porque él no tiene los medios para andar porque nosotros somos pobres y para andar delante del altar se necesita principalmente vestuario. Él debe buscar el sustento de nuestro hijo. Yo la apoyé y le dije que el sota-fiscal podía tomar el cargo pero, meses después, la comunidad votó en asamblea y se animó a elegirme a mí porque era un niño joven y ya sabía el oficio. Mi mujer de nuevo se plantó y me recordó que cuando alguien muriera yo tenía que destinar todo mi tiempo al novenario y el funeral, tiempo que nadie me iba a pagar. Yo le hice caso. Pero la gente habló con el sacerdote de Achao y el curita la convenció. Para las reuniones de fiscales en Castro o Ancud, a veces no tenía plata para irme y la comunidad no me aportaba; dejaba emprestada platita y después con la pesca la pagaba".

 

 

LAS TRADICIONES SE PIERDEN

 

Treinta y dos años después ve problemas en su iglesia. La iglesia antigua se está perdiendo y el renuevo no prende, aunque los jóvenes le colaboran. Los ancianos se quejan de la pérdida de sus tradiciones religiosas y el fiscal aparece como el puente entre la institución representada por el sacerdote y la comunidad local. Yo "siempre he tratado de sujetar lo antiguo" , porque la gente lo pide así. Por ejemplo, el rosario chilote, las letanías. Yo ahora no rezo las letanías porque nuestro obispo cuando nos hizo la preparación nos dijo que las letanías no tienen ningún sentido; ni él entendía lo que decía esa oración. Así que lo suprimí, dándole la explicación a la gente y ellos lo han aceptado. Pero los cánticos siguen siendo los antiguos. A los jóvenes les gusta los cantos nuevos porque la misa la tratan como diversión, con la guitarra, la acordeón. Pero lo que no se puede cambiar es la Salve Dolorosa, la Salve Chilota, los Gozos del Nazareno y de Lourdes y el Buenas Noches, que casi todas las comunidades han perdido".

 

 

 

Por Renato Cárdenas Alvarez



Fundado el 12 de Febrero de 1885
© Sociedad Periodística Araucanía
Antonio Varas 167, Puerto Montt, Chile
Teléfono (56 65) 432400