 El Angamos que desapareció tragicamente el año 1928, enlutando al país. |
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Un caso especial |
Don Luis Valdés Vega era un funcionario de Aduana en Punta Arenas y que en vez de seguir en el mismo Angamos se quedó en Puerto Montt para seguir también en tren. Su testimonio se lo dio al periodista y escritor Wilfredo Mayorga, casi 40 años después del suceso, fecha en que aún se preguntaba qué fue lo que le indujo bajarse en Puerto Montt y seguir en tren. Mencionaba que el mes de junio siempre había sido para él un espacio especial. Había llegado a Punta Arenas en junio de 1908 siendo un niño huérfano al hogar de un tío. Salió y regresó en los meses de junio cuando era un joven funcionario de Aduanas; en junio de 1925 casi pierde la vida en un accidente en Natales. Y en junio de ese 1928 se había embarcado en el Angamos, para bajarse en Talcahuano, ir a Talca, su tierra natal, y luego a Valparaíso para defender dos ascensos. Como le resultaba oneroso viajar en los vapores corrientes, empezó a juntar dinero para hacerlo. Pero un día llegó el Angamos. Desde hacía un par de años le unía en amistad con el capitán que reconstruyó el Fuerte Bulnes y que con el tiempo llegó a ser el Comandante en Jefe, don Ramón Cañas Montalva. El gentil oficial lo contactó, en aquella oportunidad, con el capitán Suárez quien aceptó llevarlo como pasajero y pasó a ser amigo suyo también. A bordo del Angamos congenió con toda la gente en los días y noches de alegría y canto; y escuchando, tal vez, el canto de una misteriosa niña. La noche anterior a la llegada a Puerto Montt, él junto al Teniente Pérez Canto notaron el silencio y tristeza en el buque. Cuando el Angamos zarpó, él sin justificación aparente no se embarcó y quedó mirando la partida mientras sus amistades le gritaban que se quedaba a causa de alguna niña. El respondía que los alcanzaría en un bote. Junto a sus pocas cosas no se desprendía de un encargo de un joven para su padre: el poeta Samuel Lillo. Al día siguiente viajó en el tren hacia el norte. Días después al pasar por El Mercurio leyó en la pizarra la triste noticia de aquel Angamos. Dijo en voz alta "Lo que son las cosas, yo iba en ese viaje y me quedé en Puerto Montt". Reflexión que fue escuchada por el periodista y poeta de Las Ultimas Noticias, Manuel Gandarillas, que además le preguntó al también periodista y escritor Daniel de la Vega que también escribió algo sobre la niña cantante. Don Luis Valdés era poeta; había ganado concursos. Fue jurado que definió el voto del primer lugar de un trabajo firmado por don Hugo del Sur, que resultó ser nuestro Francisco Coloane. El Llanquihue publicó aquel año una poesía referente a la niña misteriosa. |
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Por Héctor Cuevas Miranda Hay un vals popular que frecuentemente es solicitado por auditores del espacio radial "Lo que el viento se llevó" que conduce el ex periodista de El Llanquihue, Edmundo Jonshon Fiedler, que se transmite por Radio Reloncaví de Puerto Montt y que habla del hundimiento del transporte Angamos donde perecieron más de 250 y del suicidio de su capitán Suárez. El Angamos fue construido en Walssen, Inglaterra en 1890 recibiendo el nombre de "Citá de Venezia" para la marina italiana, pero navegó con el nombre de Sparden. Fue adquirido el año 1891 por la Junta Revolucionaria contra el Presidente Balmaceda, con el nombre de "Angamos". Desplazaba 3.597 toneladas con un andar de 10 millas. VIAJE Y HUNDIMIENTO El transporte llegó a Punta Arenas a comienzos del mes de junio de ese año 1928. Hay dos versiones: una, que era un viaje normal para trasladar a los marinos y sus familiares y a los conscriptos que licenciados volvían al norte. La otra, que habiendo muchos obreros que no podían pagar sus pasajes en un barco comercial, el gobierno dispuso que se los trajesen a su zona. Sea como fuera, las dos versiones se juntan. Tripulación y pasajeros sumaban 295 personas. Salió de las aguas magallánicas a mediados de ese mes. El viaje se hizo con normalidad. Entre toda la gente hubo camaradería y amistad. Se dice que no se distinguían clases sociales. En las noches se hacían veladas musicales. La noche antes de llegar a Puerto Montt era notorio que el ánimo había decaído. Arribó a la ciudad-puerto del Reloncaví el 25 de junio a las 15 horas donde se constató que bajaron algunos pasajeros, como fin de viaje, y, a la vez, subieron otras. Zarpó rumbo al norte el 2 de julio. Llamó la atención a mucha gente, entre ellos periodistas de El Llanquihue, que diera vueltas alrededor del Errázuriz, a quien le había entregado carbón, hacer señales con banderolas y enfilar rumbo al sur. Se le veía la línea roja de flotación. Era una nave estilizada. LA TRAGEDIA Ya en el litoral central se desencadenó un temporal fuerte que azotaba caletas y puertos en especial a toda la región de Arauco. Testigos presenciales que se salvaron contaron algo de la tragedia. Las noticias del 8 de julio eran incompletas y distorsionadas al principio por las emisiones y recepciones de los mensajes de la radiotelefonía como de los signos telegráficos. Nombres distintos de la nave siniestrada, y apellidos alterados de las personas. El Angamos a la cuadra de Lebu perdió los guarnes del timón y después toda esa vital pieza, quedando, entonces, al garete. Se lanzó un llamado de auxilio que fue interceptado por el barco Apolo el cual lo transmitió a la isla Mocha y desde este lugar al Apostadero Naval de Talcahuano cuyo jefe, comandante L. Nieto habría ordenado que zarpara el Zenteno y el Elicura que estaban en dicho puerto; y el Yelcho y Sibalt que se encontraban en Puerto Montt y Valdivia, respectivamente, para dirigirse al posible lugar del accidente. Pero la ubicación no era exacta ya que el Angamos no alcanzó a darla. Testigos como los conscriptos Aguilera y Avendaño manifestaron que el transporte navegaba a casi toda velocidad en medio de la obscuridad chocando entre dos rocas en un bajo cerca de Punta Murgulla. Había sido a las 10 horas de la noche, y a la una todavía muchos luchaban por sus vidas. La nave se había hundido y los botes zozobraban repletos de gente. En cierto momento de esa noche trágica se escuchó un estampido de un tiro de fuego, y todos los que se salvaban de algún modo pensaron que el digno capitán don Ismael Suárez se había suicidado al no poder salvar su nave. Y lo mismo se le escuchó decir al teniente Fernando Vega que se quedaría en el buque y moriría como marino y chileno. Al día ya, con su relativa claridad, el cuadro era desolador: cadáveres de uniformados y civiles, hombres, mujeres, niños; elementos del buque. Dicen que el cuadro más patético eran ver rostros carcomidos, desfigurados o con muecas de espanto. EL CAPITAN SUAREZ El capitán de Corbeta don Ismael Suárez Maldonado, era un respetado oficial de la Armada Nacional. Se había retirado temporalmente para desempeñarse en la secretaría de Correos y Telégrafos. Reincorporando, se le nombró comandante del transporte Angamos. Estaba casado con la señora Rosa Cárdenas y tenía un hijito, quienes vivían aún en Santiago. Vivían también en la capital su señora madre y su hermano Juan. Por falta de espacio, daremos 3 nombres de oficiales y 3 de tropa. Oficiales Segundo Comandante, Teniente 1º, don Alberto Pérez Canto Rodríguez; Teniente 2º Fernando Vega Avila; ingeniero 2º Osvaldo Rodríguez Avaria. Tropa: Sargento 2º Francisco Escalona López; Marinero 1º Ismael Contreras Zamorano; Cabo 1º Sixto Gómez Vidal. Entre otros muchos, doña Corina Ureta y dos hijos; Rosa Ballestero; Catalina Betancourt vda. de Díaz; José Gallardo y su nieto. Don Manuel Valenzuela que era ingeniero de la Armada. Llevaba a un hermano enfermo que vivía en Chinquihue. No quisieron irse en tren y esperaron al transporte. Lo mismo el tripulante del Errázuriz quien junto a su familia esperó al Angamos. Igualmente los tripulantes del mismo navío, Ramón Prado, Manuel González y Manuel Cid. Lo mismo que el teniente Miguel Acevedo alcanzó a embarcarse porque dos días después de la llegada del Angamos a Valparaíso contraería matrimonio. Por el contrario, el guardiamarina Ballard del Angamos y que había sido estinado al Siebalt que estaba en el litoral central y donde debería tomarlo, solicitó que lo pudiera esperar al navío en Puerto Montt a donde llegaría pronto. El comandante Suárez aceptó. Además se dijo que la señora Ernestina Bustos de Steeman, profesora del Liceo de Magallanes, que iba a Concepción habría bajado en Puerto Montt desde donde viajaría en tren. |