Usted está en : Portada: Calidad de vida
Sábado 21 de marzo de 2009
Si ha tenido la sensación de opresión en el pecho, angustia, taquicardia, náuseas, diarrea, sensación de hormigueo en pies o manos, temor a perder la razón o a morir, probablemente sufre un cuadro de crisis de pánico.

Una crisis de pánico es una alteración momentánea del estado físico y emocional que permiten enfrentar alguna amenaza, porque ponen en alerta al sistema de alarma natural que tiene el cuerpo. Para quienes lo han vivido lo describen como "lo peor de su vida" y lo más grave es que quienes han sufrido un ataque, lo más probable es que sufran otros, si no son atendidos oportuna y adecuadamente.

"Las crisis vienen repentinamente, sin que la persona pueda anticiparlas y son breves, de minutos hasta un par de horas y sus síntomas son sensación de opresión en el pecho, angustia, aceleración de la frecuencia cardiaca o taquicardia, náuseas, diarrea, sensación de hormigueo en pies o manos, o de adormecimiento alrededor de la boca, temor a perder la razón o a morir, etc", explica el doctor Carlos Cruz Marín, docente de la Escuela de Medicina de la U. Andrés Bello.

Según el psiquiatra, "hay factores hereditarios, es decir, es frecuente encontrar familiares que las presentan. Se pueden desencadenar después de una situación difícil, como una separación o un accidente o la pérdida de alguien querido", agrega.

No se sabe por qué una persona es más sensible o susceptible de sufrir un ataque de pánico que otra, pero en general afecta más a mujeres entre los 20 y 40 años.

Situaciones que la gatillan

Los ataques pueden surgir después de una enfermedad física o mental, accidente, evento traumático como un secuestro o robo, vivencias de guerra o tortura (aunque no sean propias), estrés excesivo generado por el trabajo o la escuela, violencia familiar o por el efecto de ciertas drogas que actúan en el la parte del cerebro que controla las reacciones del miedo. "Las drogas pueden desencadenar crisis en personas que nunca las habían presentado", comenta Cruz.

En ocasiones, estas crisis desaparecen y vuelven a presentarse después de algunos años.

Respecto a su tratamiento, el docente de la U. Andrés Bello recomienda "el farmacológico y psicológico para conocer la causa de la angustia y el modo de manejarlo o enfrentarlo", dice el profesional. Para asegurar los mejores resultados terapéuticos es muy importante la constancia en el cumplimiento del tratamiento.