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Caucau: el increíble misterio del niño lobo

Asombró a Chile a mitad del siglo pasado y se han escrito libros sobre él. Actualmente viviría en Santiago junto a un hermano.

La historia de Vicente Caucau parece una novela sacada de la pluma de García Márquez o Alejo Carpentier: un niño lobo que aparece en las faldas de un volcán es atrapado por Carabineros e internado en una celda; lo estudian, lo visten, lo hacen famoso e incluso lo invitan al Congreso. Parece realismo mágico, pero ocurrió en nuestra zona y ese niño -ahora un anciano- aún estaría vivo.

Corría el 10 de agosto de 1948 y al retén de Río Pescado (comuna de Puerto Varas) llegaban vecinos agitados denunciando que algo en el bosque perseguía a los animales y les robaba los huevos. El jefe de retén, cabo José Elías Fuentealba Solís, decide salir en su captura y en medio de una huerta encuentra a este ser que los lugareños ya pensaban se trataba de una presencia sobrenatural.

Era un niño de 10 años que caminaba en cuatro pies, tenía el pelo largo y el cuerpo cubierto por vellos. El carabinero trató de atraparlo, pero el pequeño lo rasguñó y mordió. Finalmente, el cabo Fuentealba sometió al niño y se lo llevó al retén, donde lo tuvo seis días -con un escape entre medio- para luego enviarlo a la comisaría de Puerto Varas, lugar en el que se convirtió en un "objeto" de atracción.

Al niño salvaje lo mantuvieron en la cárcel antes de trasladarlo a Santiago.

Después de sus tristes desventuras, entre las que incluye un paso por el hospital por comer porotos calientes (a lo que su estómago no estaba acostumbrado), Caucau por fin tuvo un tiempo de felicidad junto a Berta Riquelme, profesora de lenguaje de Villa Alemana. Ella le enseñó a hablar, leer y escribir, lo adoptó y crió. Caucau le agradeció ese cariño con lo único valioso que podía ofrecer, llamarla mamá.

Cristián Vila Riquelme, escritor y sobrino de Berta, conoció a Caucau desde pequeño y se considera su familia, incluso hizo un libro en honor a él, el que tituló "Crónicas del niño lobo" (Editorial Lom, 1998), material que relata la historia de Vicente. "Esta es una historia novelada con mucho de delirio y de verdad, pero entre lo real pongo pedazos de la bitácora que mi tía Berta llevaba con los progresos de Caucau", explicó el escritor. "Mamá Berta" -así le llamaba el niño lobo- se sorprendía por las extraordinarias habilidades que Vicente había desarrollado en su vida salvaje: un olfato superior que le permitía oler carne a kilómetros, excelente visión nocturna y una fuerza descomunal. Pero lo que más quería Berta de Vicente era su inigualable ternura.

El niño de la selva

Caucau quedó herido en su primer choque con la civilización. Estuvo encerrado en una celda, fue objeto de estudios y pasó a convertirse en una atracción periodística (fue portada de la revista VEA, entre otras). En 1953, cinco años después del hallazgo del "niño lobo"- como lo bautizó la prensa de la época- "El Llanquihue" tituló: "Desentra-ñado misterio del niño de la selva. Audaz reportaje de nuestro corresponsal Julio Contreras al padre del menor que causó sensación en Santiago".

En un viaje en automóvil de varias horas hasta Las Cascadas (en esos tiempos esa zona no era muy accesible), Contreras logró ubicar a la familia del niño perdido. Su padre, Antolín Caucau Nempo, trabajaba en un fundo de Adolfo Kuschel, en las faldas del volcán Osorno.

La familia de Caucau -según escribió el corresponsal- habitaba en una rancha humilde, insalubre y ahumada. En ese tiempo Antolín Caucau Nempo (el padre) vivía con una joven de 19 años que no era la madre de Caucau. En la casa, el periodista también encontró a una media hermana del "niño lobo", María Elsa Caucau, que en esos tiempos era una guagua.

Ahí Contreras se enteró que la madre de Caucau era Sara Barría Quinchaguala, la que presentaba problemas de alcoholismo y se fue con otro hombre. Además, el niño lobo tenía otro hermano, Alfonso (con quien viviría actualmente). Éste último también fue entrevistado en aquella ocasión y contó que se comunicaba con su hermano a través de señas y actuaba como intérprete.

Éste es parte del diálogo entre el periodista de "El Llanquihue" y el padre de Caucau en aquel reportaje de 1953:

Padre: -El chico se llama José Mercedes Caucau Barría (como Vicente fue rebautizado en el hospicio). Nació el 6 de octubre y este año cumplirá 17 años. Yo estaba en poder de los señores Hofmann cuando se extravió José, en junio del '48 (a Caucau lo encontraron el 10 de agosto de ese año). Lo buscamos por todas partes, pensando que andaría por ahí no más. Le busqué por el lado de Octay, desesperado...

Periodista: ¿Qué pensaba de su hijo?

Padre: -Yo no pensaba na'. Creímos que se había perdido no más. Que podría estar muerto en el bosque o que se lo habían comido los animales.

El padre del "niño lobo" aseguró al periodista de nuestro Diario que lo buscaron intensamente, pero sin resultados, hasta que un día le avisaron que su hijo estaba en Puerto Varas. "Oiga señor, Josecito era enfermo. Desde chiquitito se nos arrancaba de la casa. Andaba un día y volvía. Andaba dos días, andaba tres días... pero siempre lo encontrábamos y lo traíamos a casa. Es un poco enfermito de la cabeza y le daba por arrancarse. Cuando nació vino con la cabecita como una masa y la matrona, la partera vecina que vive a unos kilómetros de nosotros, le arregló la cabecita", relató el padre.

El reportero le preguntó sobre las causas de las salidas, a lo que Antolín Caucau respondió: "No sé, señor. Él en la revista (VEA) dice que la mamá le pegaba. Cuando su madre se fue, él vivió con su abuelita y parece que ésta le pegaba. Él dice en VEA que (la abuela) era gorda y a "pata pelá". Así era su abuelita. Aquí no hemos sido muy felices, señor".

Caucau desde muy pequeño buscó la libertad y ya era conocido por sus vecinos de Cascada antes que saliera el reportaje de VEA. Éstos le daban algo de comer cuando aparecía por sus casas. Los cierto es que Vicente (o José Mercedes) prefería el bosque a la rancha de su familia, donde era víctima de golpes. Su padre confesó que una vez lo encontraron -cuando aún era un bebé- en un campo rodeado de terneros y vacas que le mugían y lamían.

Cuando lo pilló el cabo Fuentealba, las manos y pies del "niño lobo" mostraban enormes callosidades y sus cicatrices en el cuerpo daban cuenta de una vida en los árboles. El vello que lo cubría se fue cayendo a medida que se internaba en la "civilización".

El carabinero que lo halló da el siguiente testimonio sobre el encuentro con Caucau: "Llegó a mi conocimiento un día que en una huerta de Río Pescado, casi en la ensenada, había un muchacho de cortos años comiendo yerba. Yo salí tras su búsqueda y lo ubiqué. El niño me mordió, me rasguño y prestó resistencia a su captura. Casi maniatado lo atraje al retén y lo dejé en un calabozo. Después lo saqué al patio tomando las precauciones consiguientes. Pese a todo, un día se me arrancó del retén. Lo ubiqué en el río Tepú donde estaba comiéndose un salmón crudo. Caucau era velludo, de melena muy larga, no hablaba y sólo emitía un ligero sonido. Seis días lo tuve en Río Pescado hasta que me trasladé con él a Puerto Varas y lo entregué a la comisaría... En Puerto Varas quedó internado en la cárcel, donde fue motivo de viva curiosidad. Aquí le dieron de comer porotos calientes, lo que le causó indigestión al muchacho. Tanto que debió ser hospitalizado y operado a consecuencia de haber comido algo caliente".