Comercio e industria |
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En diciembre de 1853, Vicente Pérez Rosales le entregó al inmigrante alemán Julio von Lotten el monopolio para "proveer a la colonia de los artículos necesarios"; sin embargo, al no poder cumplir adecuadamente se concedieron permisos de comercio en distintos rubros. En febrero de 1855, Karl Schilling recibió el privilegio exclusivo para vender carne. Uno de los negocios más rentables, en una ciudad que comienza a construirse, debió haber sido la ferretería; en 1855 se instaló Manuel Pérez quien vendía clavos, alquitrán, jarcias, pintura y herramientas. Un año más tarde abrieron sus puertas las ferreterías de Juan Henríquez, José Díaz Belunzarán (español) y Juan Sánchez. Otros comerciantes de los primeros tiempos de Melipulli fueron Manuel Villena, Agustín Cantín, Bernardo Miranda y Francisco Guerrero. La primera talabartería perteneció a un colono polaco de apellido Resczinsky, los jefes de obra eran los carpinteros Matías Doggenweiler y Ernest Trauttmann; por su parte Karl Biebrach canalizó tres esteros que inundaban en el sector céntrico percibiendo la suma de 300 pesos. En 1857 figuraban en calidad de herreros Lorenzo Huirimilla y Joseph Gebauer, pero el primero en desarrollar esta profesión fue Fernando Schliebener quien donó una campana para indicar las horas en el pueblo, estuvo instalada en una esquina de la plaza de armas (Urmeneta con San Martín). Por su parte los mueblistas más solicitados eran Federico Francke y José Rotter. La energía motriz utilizada en la época era la fuerza hidráulica a través de los molinos; en febrero de 1857, Aguntín Cantín, aprovechando las aguas de un estero que corrían por calle Egaña construyó uno de estos ingenios. Guillermo Lebreton hizo lo mismo en el estero Cayenel cuyo curso natural era la actual calle Lota; y Aquiles Descourvieres instaló un tercer molino en calle Serena. Otros ingenios de estos años pertenecían a Augusto Dieckmann y José Yuraszcek. Pero sin lugar a dudas que fue en la explotación de la madera donde quedó de manifiesto la capacidad empresarial de los vecinos más emprendedores. En 1856, Francisco Gallardo y Miguel Való eran los mayores compradores de tablas y vigas de alerce, producto que despachaban directamente a Valparaíso. En 1861 la actividad recibió un fuerte impulso cuando Luis Dartnell, de nacionalidad irlandesa, instaló la primera máquina a vapor para aserrar madera; un año después Eduardo Proschelle hizo traer otro de estos artefactos. Un aserradero movido por un molino cortaba 900 pies/hora, en cambio las modernas máquinas dimensionaban 8.000 pies/hora. En este año de 1861 como consecuencia del tránsito permanente entre Chiloé, Osorno y Valdivia por el camino de la laguna de Llanquihue, se hizo necesario contar con locales adecuados para el alojamiento de pasajeros; para satisfacer dicha demanda se autorizaron permisos de fondas. Un año después Juan Toribio Adriazola entusiasmaba a los parroquianos instalando un billar en su negocio, al poco tiempo, Carlos Schurt inauguró, en calle Portales, un local que contaba con canchas de palitroque. La primera posada, símil de una residencial, perteneció a Ernesto Trauttmann, fue inaugurada en mayo de 1864 y estuvo ubicada en calle Urmeneta con Illapel. |
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