Usted está en : Portada : Turismo Jueves 5 de agosto de 2004

La municipalidad

En 1895 la ciudad de Puerto Montt ya se empinaba como importante urbe del sur chileno. Predominaban por entonces las construcciones en madera.

En la medida que crecía la ciudad le correspondió a Vicente Pérez Rosales asumir como primera autoridad de Melipulli; entre sus responsabilidades estaba la facultad para dictar Ordenanzas, otorgar permisos de comercio, repartir sitios y actuar como juez de primera instancia.

La Ordenanza Municipal más antigua que se conoce lleva por fecha 9 de junio de 1853, la cual prohibía tocar la guitarra después de las 22 horas.

En noviembre de 1853 se firmó un contrato entre el municipio y Ernst Trauttman, este último de profesión carpintero, quien se comprometía a canalizar un estero que corría por calle Guillermo Gallardo; y la primera patente de comercio data de 1861, oportunidad en que se autorizó un despacho de licores con expresa prohibición de jugar naipes y efectuar apuestas.

Al año siguiente se reglamentaba el tránsito quedando terminantemente prohibido galopar por las calles céntricas, tener animales sueltos o depositar madera en el frontis de los hogares, igualmente se eliminó el faenamiento de animales en casas particulares estableciéndose un Matadero Municipal.

La creación de la provincia de Llanquihue, en 1861, hizo necesaria la instalación del municipio procediéndose a la formación de la Junta Electoral; tres años más tarde, los días 17 y 18 de abril se verificó el primer ejercicio democrático para elegir autoridades comunales.

Tenían derecho a voto los varones casados mayores de 21 años y los solteros con una edad superior a los 25 años; además se requería poseer un patrimonio económico y acreditar la condición de chilenos en el caso de los alemanes nacionalizados.

En esta elección fue elegido Primer Alcalde, Manuel Mancilla Velásquez, lo acompañaban en calidad de Regidores: José María Rojas, Federico Oelckers, Felipe Santiago del Solar, Santiago Navarro, Juan de Dios Vargas, Guillermo Gallardo Barría, Adolfo Schott, Cirilo Uribe y Juan Alvarez Garay.

En 1864 se fijó una contribución para el alumbrado público y pago de serenos, junto con esto se expropiaron todos aquellos sitios adyacentes a la plaza de armas, entregados a los colonos, que permanecían abandonados.

Seis años más tarde la Junta Municipal autorizó la construcción de dos grandes obras, un edificio que recibió el nombre de La Recova (sitio del hotel Vicente Pérez Rosales) destinado a mercado; y la edificación de un teatro que posteriormente fue cedido al clero convirtiéndose en la Catedral.

 
 
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