Usted está en : Portada : Turismo Jueves 5 de agosto de 2004

El hombre de los conchales

Hace unos 8.000 años se retiran los hielos de la última glaciación pleistocénica y nuestra región paulatinamente adquiere su fisonomía geográfica actual. Surgen los lagos y el seno de Reloncaví con sus numerosas islas. La vida de sus primeros habitantes también sufre importantes modificaciones. Basada principalmente en la recolección y la caza, ésta se verá enriquecida con la explotación intensiva de los recursos marinos.

En la X Región se han identificado un importante número de conchales, en gran parte, de origen antropogénico, es decir generados por el hombre. Están, principalmente, formados por conchas de moluscos marinos a los cuales se agregan restos de huesos de pescados y aves, junto con dientes y huesos de mamíferos marinos, demostrando la naturaleza recolectora, cazadora y pescadora de estos ancestros regionales. Además, dentro de los conchales, se han encontrado osamentas humanas, artefactos o herramientas de piedras, puntas de flechas y restos de cerámicas.

La presencia de distintos niveles cronológicos de ocupación, indica que algunos sitios fueron ocupados en más de un período y apoyan el modo nómade de vida de la población que habitó tempranamente los sectores litorales de nuestra región. En estos verdaderos "basureros del pasado", es posible encontrar restos de variadas especies marinas, instrumentos y osamentas humanas. Son verdaderos libros abiertos que nos entregan valiosa información sobre nuestros antepasados, referida a su alimentación, tecnologías utilizadas y sus creencias.

En el desarrollo de las agrupaciones recolectoras-pescadoras y la conquista del mar, se plantean tres etapas sucesivas denominadas "dimensiones". La primera está definida por el aprovechamiento de la "dimensión longitudinal", vale decir, el acceso a los recursos de las orillas del mar. La segunda etapa está marcada por la conquista de la "dimensión latitudinal", o sea, por la captura de peces con la utilización de un instrumento revolucionario: el anzuelo. En un instante de su historia, los grupos costeros lograron el acceso a una tercera dimensión: su extensión. Esto significó una ampliación del espacio marítimo, incorporando para su usufructo una vasta fracción del mar, que hasta esos momentos había permanecido inexplotada. Esta etapa se logró gracias a la utilización de la dalca.

 
 
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